Esté donde esté tu abandono,
la cuna que te hayan prestado o su
ausencia:
ese contenedor parecido a los de
reciclaje
donde espera tu ser transformarse en
persona;
estén donde estén tus ojos
que alguien no ha querido mirar y ahí
nuestra suerte; esté donde esté tu
piel
de la que no nos importa la textura:
iremos.
Porque donde esté tu lugar ya estamos
y donde existas hemos puesto ya el
aliento.
Por eso ya no estás tan solo desde el
día
en que por abandonarte nos abandonaron
y por no importarles tu llanto lloramos
nosotros.
No desesperes, sólo nos faltan unos
documentos
que nos permitan cogerte en los brazos
y enseñarte que cada papel se hace con
los árboles
que alguien planta y cuida luego
y de ese modo se extiende la vida
como un canto que siempre encuentra
sus rumores.
Porque donde estés naciendo nacimos,
y tenemos que perdernos para buscarte.

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